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En esta ocasión viaje por más de
12,000km para visitar la tribu de los Indios Secoyas
en Ecuador, la que por mucho tiempo había querido conocer.
Antes de partir al territorio Secoya me rape el diseño de una
rana en la cabeza para demostrar que también entre el hombre
blanco existe una preocupación y estrecha relación con la naturaleza
y todos sus animales. A lo largo de mi carrera son muchas las
anécdotas y vivencias que quedan en mi mente y ésta es una de las
más especiales. |
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Al viajar por las
aguas del río Aguarico, en las Amazonas, es inevitable
sentirse asombrado por la gran belleza natural que existe.
Lamentablemente, este hermoso paraje está amenazado día a día por el
"desarrollo industrial" que se encarga de robarle espacio, aire y
vida a la región Amazónica. Causando daños irreversibles al
ecosistema y a la armonía de la evolución natural. |
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A pesar de la amenaza del hombre
la Madre Naturaleza me dejo ver su bondad, al mostrarme como
un pescador atrapaba un enorme pez de las dulces aguas del río
Aguarico. De inmediato me hizo pensar que a pesar de ser tan
desconsiderados con ella, la misma sigue y sigue ofreciéndonos los
frutos de su vientre sin esperar nada a cambio. No dude en comprarlo
sin saber que más adelante este mismo pez me seria de gran
ayuda. |
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Horas mas tarde aún en el mismo rió llegue a la región de los
indios Secoyas. Los que con caras de asombro y curiosidad
esperaban al extraño visitante. De inmediato fui aceptado entre
ellos al ver el diseño en mi cabeza y claro también por el "regalo"
que les traje... El enorme pez. Mientras limpiaba el pescado con mis
manos, Delfín Payaguaje se acerco a mí para saber más
sobre mi trabajo y mi misión de retratar ranas y toda clase de
animales de la vida salvaje. Desde el primer instante que vi a
Delfín supe que este hombre seria mi guía y actor principal a
lo largo de mi expedición. |
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Delfín me invito a su casa, donde disfrutamos del pescado que
fue preparado como toda una delicadeza de la comida Secoya.
Delfín me contó como los "encabellados" los ancestros de los
Sinoa y Secoyas, que en un tiempo eran una sola tribu,
utilizaban el Yagé (Ayahuasca) para comunicarse con los Dioses
y caer en un profundo trance. Los chamanes aún mantienen esta
tradición y preparan el mismo Yagé de hace siglos (es uno de
los alucinógenos más fuertes que existe en el planeta). Con un fuerte
olor y un color negro poco deseable no se me hizo difícil rechazarlo.
Además Delfín me dijo que muchos pueden quedarse en el trance
y perder su espíritu; lo cual es una manera ingenua para decir, que
luego de probar esta potente pócima puedes quedar adicto, volverte
loco y perder el control por el resto de tu vida. |
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Algunas de las historias que
compartió Delfín conmigo me tomaran años entenderlas, pero
otras son ejemplos claros de cómo la complejidad de la selva puede
hacer que los animales, espíritus y humanos, vivan juntos en una
armonía balanceada. Fue muy interesante conocer la cultura de una
tribu que lejos de la civilización ha logrado elevar su mentalidad a
niveles inesperados en cuanto al balance de la vida. |
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La de ellos, una
vida rodeada de mitos, ingenuidad y cosmovisiones. La de nosotros
llena de políticas, grandes conocimientos y los más increíbles
avances tecnológicos. Sin embargo las dos son vidas que por cosas
del destino chocan en el mismo planeta, una lucha por sobrevivir y
otra lucha por surgir. Es increíble que aun no había comenzado mi
expedición y ya en mi primera noche junto a los Secoyas había
aprendido una gran lección... |
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Fotografías: Guido
Sterkendries Derechos Reservados
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